Ninguna selección había ganado tres grandes torneos seguidos. Ninguna. Hasta que llegó aquella España de 2008 a 2012: Eurocopa, Mundial y Eurocopa. La llamaron la generación dorada, y el tiempo no ha hecho más que agrandar su leyenda.
El punto de partida: romper la maldición
Antes de 2008, España era el gran “quiero y no puedo” del fútbol mundial: talento eterno, cuartos de final eternos. La Eurocopa de Austria y Suiza cambió el guion. Luis Aragonés tomó dos decisiones históricas:
- Apostar por los bajitos: el fútbol de toque de Xavi, Iniesta, Silva y Cesc frente al físico imperante.
- Construir el equipo sin miedo a los nombres propios.
El penalti parado por Casillas a Italia en cuartos rompió psicológicamente 44 años de maldición. Luego, Rusia en semifinales y el gol de Torres a Alemania en la final. España volvía a reinar 44 años después.
El tiki-taka conquista el mundo
Lo de aquel equipo no era solo ganar: era cómo ganaba. Posesiones eternas, rondos imposibles, rivales mareados. El mundo bautizó el estilo como tiki-taka, y entre el Barça de Guardiola y la España de Del Bosque cambiaron la táctica mundial: de repente todos los equipos del planeta querían sacar el balón jugado.
- Eurocopa 2008: campeones con Xavi como MVP del torneo.
- Mundial 2010: la primera estrella en Johannesburgo.
- Eurocopa 2012: la obra cumbre, con 4-0 a Italia en la final. La mayor goleada en una final de Eurocopa o Mundial.
Los nombres eternos
Aquella columna vertebral se recita de memoria: Casillas, Puyol, Piqué, Ramos, Xavi, Iniesta, Busquets, Xabi Alonso, Silva, Villa y Torres. Nueve de ellos son leyendas de los dos clubes más grandes del país; todos, leyendas de La Roja.
Un dato para dimensionar la época: entre 2007 y 2013 España encadenó rachas de invencibilidad que la mantuvieron años sin perder un partido oficial.
El final de un ciclo
Todo ciclo muere, y aquel murió de éxito: el Mundial 2014 en Brasil, con la generación ya veterana, acabó en eliminación en fase de grupos. Dolió, pero no borró nada. Las dinastías también se miden por cómo se les recuerda: a esta, con reverencia mundial.
La herencia en 2026
La España del Mundial 2026 es hija directa de aquella: el mismo amor por el balón, actualizado con el vértigo de las nuevas generaciones. Cuando Lamine Yamal o Pedri tocan y tocan hasta encontrar el hueco, algo de Xavi e Iniesta sigue en el campo.
Las estrellas se heredan. La segunda espera. ✨🇪🇸